Para mi entierro quiero margaritas, de color neón. No, no es ninguna locura. Vos no sabés que me faltan colores, no me conocés.
No me gustan las flores, las detesto. Pero ¿a quién le va a importar cuando me haya muerto? No quiero ninguna sepultura, quiero que mi cuerpo se haga cenizas, no pido que me lleven a un lugar en específico. Solo pido que me tiren en Julio porque es mi mes preferido. No me lloren, aunque es posible que no me extrañen.
No quiero marchas fúnebres, quiero que suene algo de rock, algo divertido. ¿Por qué? porque no tuve mucha diversión, no me reí lo suficiente, creo más bien que lloré demasiado y no sería justo convertir mi muerte en otro trágico momento.
No quiero velorios. No quiero que me recuerden. No quiero que digan la excelente persona que fui, porque serían mentiras.
Sólo déjenme ir, está bueno partir. El frío es distinto, la soledad es acojedora. Ya no tengo que ver o pensar en mi misma. No necesito cubrirme con una sonrisa, estando acá soy libre.
Te pido perdón, por saber que nunca fui lo que querías, lo que deseaste. Pido perdón a la gente que tuvo que soportarme, pero a su vez les agradezco.
Tal vez cinco minutos antes de mi muerte pido algo caliente, quisiera despedirme así. Píntenme los labios del color de neón, sáquenme lo desagradable y déjenme reluciente. No es malo renacer en la muerte, pero apúrense que el frío mortuorio se acerca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario