Me da tanto miedo olvidarme de mi misma, me asusta caer en un vacío sin salida. A veces lloro pensando en que todas mis peores pesadillas se hacen realidad. Siento frío, la caída duele y es absurdo creer que todo va a mejorar.
Mientras llueve yo escribo, mi sonrisa se ha convertido en mueca y el tiempo...el tiempo ya no lo mido. Estoy en un estado de insomnio constante. Siento el latido de mi corazón retumbar por sobre el ruido del motor de mi ordenador.
Cuento cicatrices, tengo varias. Heridas de guerra tal vez.
En mi mente tengo mil cosas dando vueltas, tu nombre, tu actitud, mi forma de ser cuando hablo con vos. Mi propio impedimento en abrir mi horizonte.
Vuelvo a contar mis cicatrices, se sumó una más. Siento frío. Tengo sueño.
He encontrado en las sombras a un amigo incondicional, un amante exigente, un capricho soportable. Es algo así como la forma denigrante de mi misma. Mi mejor sombra, mi mejor perdición, quizá estoy enferma, pero mi interior me va llevando lejos de acá. Tal vez es mi inconsciente, tal vez es que necesito un cigarrilo aun sabiendo que no sé ni puedo fumar. Tal vez necesito que me digas que me querés, que todo va a estar bien y que lo malo no dura para siempre; tal vez necesito oir tu voz, tocar tu mano, sentirme viva a partir de vos. Me da miedo. Me asusta y lloro.
Llueve, y el ruido de la lluvia es mejor que cualquier otra cosa que pueda ver, supongo que tiene que ver con que siento algo.
Cuento las cicatrices, tengo varias. Pero contarlas es mejor que ver como avanzan las horas, lentas, amargas, esperanzadas.
Cuento cicatrices, tengo muchas. Y hoy se han sumado nuevas...
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